Imagina una pantalla que ya conoces: el paso final de una compra online. Foto del producto, precio, un formulario de tarjeta, un botón grande que dice Pagar.
Cuatro personas la abren al mismo tiempo.
- Rosa es ciega. No ve nada. Escucha la página. Su lector de pantalla le lee, en orden, todo lo que encuentra. Si la foto del producto no tiene texto alternativo, escucha el nombre del archivo. Algo como imagen guion bajo cuatro cinco siete dos punto jotapege.
- Marcos tiene baja visión. Ve la página con un zoom del 300%. A ese tamaño el formulario se descuadra y el botón Pagar queda fuera de la pantalla, escondido detrás de un scroll horizontal que él no sabe que existe.
- Lucía no puede usar el mouse. Navega con la tecla Tab. Presiona Tab quince veces buscando el botón Pagar. El foco pasa por lugares donde no se ve ningún borde ni ninguna marca, así que ella no sabe dónde está parada.
- Diego tiene dislexia. El texto está justificado a ambos lados, con líneas larguísimas y un tipo de letra fino. Lee el mismo renglón tres veces sin darse cuenta. Se rinde y abandona la compra.
Ninguno de los cuatro encontró un error. La página funciona. Los tests pasan. El equipo la dio por terminada.
Y aun así, cuatro personas se fueron sin pagar.
Esta lección trata de entender qué está pasando en cada uno de esos cuatro casos, porque no puedes probar algo que no entiendes.