Guillermo Robles es ciego. Navega la web con un lector de pantalla.
En 2016 intentó pedir una pizza desde el sitio y la app de Domino's Pizza. No pudo terminar el pedido.
Los problemas no eran exóticos. Eran los de siempre:
Robles demandó. La empresa se defendió con un argumento fuerte: la ADA (la ley de discapacidad de Estados Unidos) habla de locales físicos, no de sitios web.
Así terminó:
Cinco años de litigio. Honorarios legales muy superiores al costo de arreglar el checkout.
Y no es un caso aislado. Target había cerrado en 2008 un acuerdo de 6 millones de dólares con la Federación Nacional de Ciegos por lo mismo. En Estados Unidos se presentan hoy miles de demandas federales por accesibilidad web cada año.
Fíjate en el detalle que más te debería incomodar como QA: ninguno de esos defectos era difícil de detectar. Simplemente nadie los buscó antes de producción.